ATARDECERES
¡He
aquí los atardeceres enamorados!
En el
horizonte, una naranja derrama sus lágrimas
Encima
de los jóvenes surfistas,
Mientas
galopan las olas de azuledad;
Rayos
fugitivos se evaporan en mis ojos;
Las
gaviotas trinan vestidas de celestes,
Las
espumas descansan en la herradura
Mientras
que en la arena, se escucha el tronar del mar
Hay
cerdos voladores en palmeras desahuciadas
Mientras
los amantes caminan de la mano por la playa
Habrá
algunos atardeceres más enamorados que otros
Y Nubes
de colores les arrebata el amor, día tras día
En un
delirio espectral del horizonte, se desangran las nubes,
Que lloran
burlonas, el asedio cautivo de la noche.
II
Vendrán
nuevos atardeceres enamorados
Día
tras día, en la orquídea circundante del cielo
Les
arrebatará el amor, pétalo por pétalo
Y en la
sequedad del alma, vuestros corazones coronados,
Suplicaran
besos y caricias y más besos y caricias en la soledad.
¡He
aquí el atardecer en tu boca y el anochecer en tus labios!
Vendrá
el sol a bañarse en tu piel y a dormir en tus manos
Yo
contemplare los atardeceres tras tu sombra
Como el
amante escondido que soy, tras la locura sorda
Vendrán
también tus sueños, a posarse en mi almohada,
A
buscar el amor que yace en mi cuerpo de piedra.
III
¡He aquí,
un nuevo atardecer, más vociferante que el otro!
Pero
esta vez; esta vez, digo, su ronquido me ahuyenta
El espasmo
cósmico de tu voz, asecha mis venas de mármol
Y por doquier,
amada mía, se vislumbran tus palpitares
De corazón
vivo, de corazón muerto, ¡Que adorable y mustio corazón enfermo!
Camino por
la playa buscando tu corazón en la arena
¿Descansará,
ahí, punzante, entre algas, gaviotas y espuma de mar?
¿Estará
enterrado o yace en las profundidades azucenas?
El atardecer
viene a arrebatarme el amor que tenía guardado
A recordar
la infame tiranía que me has dejado
Y mi estúpido
corazón cristalizado, se escucha rugir, al eco del sol.
VI
Llora la
tristeza en el vacío atardecer
Me he
dado cuenta que te amo aún mas
Que la
lejanía no es impedimento
Y que
el tiempo, es venenoso
Que alimenta
mi alma sin clemencia
¡Oh! Mujer
que largo es olvidarte
Cuanto daría
por no recordarte
Por ahogarte
en un silencio infinito
Donde tu
música no pueda tocar
Ni una
vena de mi malavenido corazón
Que no daría
por olvidar ese perfume
Esa piel
de rosa en la mañana
Esos ojos
fugitivos, esa risa tan delgada
Si tan
solo te esfumaras como un trueno enfurecido
Ya mi
alma más descalza caminaría entre los vivos.
V
¡He venido
a escribir atardeceres enamorados!
De una
mujer bella, maldición, que no he olvidado
Debajo de
su esqueleto me he hundido
Y en
sus huesos, convertido en nervio he quedado
Me quedé
en el clamor de su danza
En el rocío
de sus labios
En la
caricias eternas
En el
mover de sus manos
¡Mi
bella amante despertaba!
Y En cada alba anunciaba,
Su escarcha
de besos
Su castillo
de amor
Sus piernas
de yeso
Su cara
de Dios
De aquella
mujer no he vuelto a saber
Y más
nunca he vuelto a beber
Su almíbar
hiriente que me hace temer.

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