¡Si alguna vez he navegado por desiertos, ¡ en sueños que flamean en horizontes de color rojo ladrillo, por allí, en algún lado desconocido, en alguna neblina cristalizada, en la cúpula de mi pupila martillada, ¿quizás?, he visto algunos ojos que me recuerden a los tuyos. Yo, de aquí no se nada, mas tú lo sabes todo, aun de aquellos lares donde la luz no posa, de esos lugares donde el agua brota como yaga hirviendo del subsuelo; aquí los labios de Belcebú se humedecen con la luz de la montaña, con el río que corre por sus brazos, aquí entre tantos males y guerras podría ver tus ojos y callar al cielo:“gusanos carcomiendo la piel de los guerreros
Hasta los huesos, con su diente de sable
Moribundos y cobardes
Veo en sus ojos el miedo a la luz”
Yo no se de oscuridades, he tenido que aprender de aquellos guerreros ahogados en el mar, de aquellos calcinados de tanta vileza en la sangre, de la inmundicia, la mortalidad que desangra en el ocaso del mar:
“el sol se moja en el mar rojo
Deja caer su gota de luz
Entre peces negros que
Huyen del ocaso”
hoy no existe nada en el camino, polvo, fuego y cenizas yacen en el rìo, en el brazo mordido de Belcebú. Los lagartos asoman sus cabezas en la cúspide del derrumbe, cansancio en las venas, cansancio en la carne, siente contener su lengua en la bóveda celeste:
“ardid y delirio demoníaco
Se sustentas en arrecifes
Ilusorio cielo magro:
¡Dejad caer los pecados en la tierra!
¡Dejad caer los pecados en el fuego!
Dejadme encontrar tus ojos en el día
En la orilla misma del purgatorio"