25/11/13

ATARDECERES








ATARDECERES

¡He aquí los atardeceres enamorados!
En el horizonte, una naranja derrama sus lágrimas
Encima de los jóvenes surfistas,
Mientas galopan las olas de azuledad;
Rayos fugitivos se evaporan en mis ojos;   
Las gaviotas trinan vestidas de celestes,
Las espumas descansan en la herradura
Mientras que en la arena, se escucha el tronar del mar
Hay cerdos voladores en palmeras desahuciadas
Mientras los amantes caminan de la mano por la playa
Habrá algunos atardeceres más enamorados que otros
Y Nubes de colores les arrebata el amor, día tras día
En un delirio espectral del horizonte, se desangran las nubes,
Que lloran burlonas, el asedio cautivo de la noche. 

II

Vendrán nuevos atardeceres enamorados
Día tras día, en la orquídea circundante del cielo
Les arrebatará el amor, pétalo por pétalo
Y en la sequedad del alma, vuestros corazones coronados,
Suplicaran besos y caricias y más besos y caricias en la soledad.
¡He aquí el atardecer en tu boca y el anochecer en tus labios! 
Vendrá el sol a bañarse en tu piel y a dormir en tus manos
Yo contemplare los atardeceres tras tu sombra
Como el amante escondido que soy, tras la locura sorda
Vendrán también tus sueños, a posarse en mi almohada,
A buscar el amor que yace en mi cuerpo de piedra.

III

¡He aquí, un nuevo atardecer, más vociferante que el otro!
Pero esta vez; esta vez, digo, su ronquido me ahuyenta
El espasmo cósmico de tu voz, asecha mis venas de mármol
Y por doquier, amada mía, se vislumbran tus palpitares
De corazón vivo, de corazón muerto, ¡Que adorable y mustio corazón enfermo!
Camino por la playa buscando tu corazón en la arena
¿Descansará, ahí, punzante, entre algas, gaviotas y espuma de mar?
¿Estará enterrado o yace en las profundidades azucenas?
El atardecer viene a arrebatarme el amor que tenía guardado
A recordar la infame tiranía que me has dejado
Y mi estúpido corazón cristalizado, se escucha rugir, al eco del sol.  


VI

Llora la tristeza en el vacío atardecer
Me he dado cuenta que te amo aún mas
Que la lejanía no es impedimento
Y que el tiempo, es venenoso
Que alimenta mi alma sin clemencia
¡Oh! Mujer que largo es olvidarte
Cuanto daría por no recordarte
Por ahogarte en un silencio infinito
Donde tu música no pueda tocar
Ni una vena de mi malavenido corazón
Que no daría por olvidar ese perfume
Esa piel de rosa en la mañana
Esos ojos fugitivos, esa risa tan delgada
Si tan solo te esfumaras como un trueno enfurecido
Ya mi alma más descalza caminaría entre los vivos.  

V

¡He venido a escribir atardeceres enamorados!
De una mujer bella, maldición, que no he olvidado
Debajo de su esqueleto me he hundido
Y en sus huesos, convertido en nervio he quedado
Me quedé en el clamor de su danza
En el rocío de sus labios
En la caricias eternas
En el mover de sus manos  
¡Mi bella amante despertaba!
 Y En cada alba anunciaba,
Su escarcha de besos
Su castillo de amor
Sus piernas de yeso
Su cara de Dios
De aquella mujer no he vuelto a saber     
Y más nunca he vuelto a beber
Su almíbar hiriente que me hace temer.