16/10/08

Versos de Belcebú






"Versos de Belcebú"







I
Abominable poesía
Que surge del averno
Viene con olor a gato muerto
A martillar la penumbra
II
A masticar masacre
De oradores: Príncipes del mal
Reinado de muerte, Jehová os dijo:
“callad la muerte con paz”
III
Yo me río con mi cara diabólica
De sus palabras afiladas con dolor
Y sus malavenidas idioteces
Me canso de tragar sangre
IV
Vienen con orgía de Barrabás
Y el centauro pastando luz (en Lete)
La lid derramo ojo con diente y diente con ojo
El grito subterráneo del Demonio
V
Se escucha: “el aullido posbélico en el invierno de Belcebú”
En su púlpito sagrado en la gehena sin Belén
La culpa y el desliz del fuego
Quema el sonido magistral de los reinos siderales
VI
Aerolitos con uñas de Satán
Caen en vuestras cabezas
Cremando yemas de dedos infames,
Un resto de carne nos hace limpiarle el colmillo
¡Le gusta mofarse¡ a pies descalzos,
De nuestra onírica complacencia.

13/10/08

Ojos Del Averno (Belcebú)

¡Si alguna vez he navegado por desiertos, ¡ en sueños que flamean en horizontes de color rojo ladrillo, por allí, en algún lado desconocido, en alguna neblina cristalizada, en la cúpula de mi pupila martillada, ¿quizás?, he visto algunos ojos que me recuerden a los tuyos. Yo, de aquí no se nada, mas tú lo sabes todo, aun de aquellos lares donde la luz no posa, de esos lugares donde el agua brota como yaga hirviendo del subsuelo; aquí los labios de Belcebú se humedecen con la luz de la montaña, con el río que corre por sus brazos, aquí entre tantos males y guerras podría ver tus ojos y callar al cielo:

“gusanos carcomiendo la piel de los guerreros
Hasta los huesos, con su diente de sable
Moribundos y cobardes
Veo en sus ojos el miedo a la luz”

Yo no se de oscuridades, he tenido que aprender de aquellos guerreros ahogados en el mar, de aquellos calcinados de tanta vileza en la sangre, de la inmundicia, la mortalidad que desangra en el ocaso del mar:

“el sol se moja en el mar rojo
Deja caer su gota de luz
Entre peces negros que
Huyen del ocaso”


hoy no existe nada en el camino, polvo, fuego y cenizas yacen en el rìo, en el brazo mordido de Belcebú. Los lagartos asoman sus cabezas en la cúspide del derrumbe, cansancio en las venas, cansancio en la carne, siente contener su lengua en la bóveda celeste:

“ardid y delirio demoníaco
Se sustentas en arrecifes
Ilusorio cielo magro:
¡Dejad caer los pecados en la tierra!
¡Dejad caer los pecados en el fuego!
Dejadme encontrar tus ojos en el día
En la orilla misma del purgatorio"