
I
Deja que me embriague con la memoria tuya
esta noche estas distante
pero los gritos nocturnos perforan las ansias de amarte
su rugido impacienta mi cuerpo
su calma, aplaca mi deseo
sus arañazos desgarran el ombligo crepuscular
II
Mis aguas viven en el desierto tuyo
en los fluidos áridos que evocan
en la gota que se orienta a tu cuello
como las gaviotas al mar de tu vientre gemido
como las soledades que renacen de mi tumba callada
para comenzar a extrañarte en mi encierro sonbrío
III
Deja que me embriague con la memoria tuya
las horas son la eternidad de mis palabras
los pómulos de mi lago encendido
desahogan tu llegada a mi alma
así como los fugases morros de tus ojos mimados
la soldadura de tu piel son mis labios perdidos
en la sombra tuya que no esta conmigo
VI
Deja que me embriague con la memoria tuya
y déjame que sea salvaje en tu navego
los tigres de mis trincheras equilibran
tus mudos y sueves pétalos de hierro
esas rosas secas, esos libros viejos
y toda la ternura de tu pasado muerto.